Archivos Mensuales: marzo 2012

caricias

ah, el artista moderno, qué ternura. en el retrato de iris clert de rauschemberg (“esto es un retrato de iris clert si lo digo yo”) se siente el aliento ácido de la institución artística —inmensa, omnipresente— cuando se inclina sobre el cuerpo diminuto del artista, lo acaricia con sus innumerables yemas y le susurra al oído: “nadie más que tú, mi querido”. y: “duérmete ya, tesoro; y no olvides tomar la pastillita, o te darán pesadillas”

Anuncios
Etiquetado ,

resistencia

los sociólogos de la cultura, igual que los psicoanalistas, sabemos que buena parte de nuestra tarea es enfrentar la resistencia. “empaláguense de experiencia estética, señoras gordas: ciegos y varicosos van a estar el día que democraticemos el ascetismo”: así nos damos ánimo.

después giramos la cabeza y miramos melancólicamente la calle desde la ventana. suena un bocinazo; algunos chicos se persiguen con bombitas de agua.

Etiquetado , ,

bibliografías

todo sobrevivirá. eso parece decirnos la exhaustividad de las bibliografías norteamericanas: treinta o cuarenta páginas se volvió estándar para una tésis. el truco está en mencionar a todos los que se ocuparon del tema general de una afirmación cualquiera:

“…y por lo tanto con 1 kilo de papas comen ñoquis no menos de seis” (Petti 1894; Batistossi 1916; Mussolini 1922; Passodoti 1950)

al citar, el ensayista honra y salva del olvido, a cuya fuerza supone entregado todo lo existente. el autor de un paper o de una tesis vive en cambio la referencia como un destino parejo e intrascendente: de la biblioteca venimos y a la biblioteca vamos.

Etiquetado , ,

distinción

he aquí una diferencia cultural (creo): en estados unidos la edición paperback (tapa blanda) es la estándar, mientras que la hard cover (tapa dura) es ostentatoria. en francia, en cambio, la connotada es la poche (de bolsillo), porque a diferencia de estados unidos, donde brilla el deseo de distinguirse, en francia es la mayoría de la población la que carga con la marca de haber sido “democratizada”.

Etiquetado , ,

avidez

el año pasado vino a nueva york hugo santiago, el director mítico de la invasión, y le hicimos una entrevista pública con germán y patricio: estuvo locuaz, encantador. hubo una sola pregunta que pareció ponerlo en jaque, y a la que respondió con una sola palabra: “avidez”. la dijo y se quedó en silencio, sin agregar nada, a pesar de que la pregunta había requerido un par de minutos: después de repasar sus acercamientos a otras artes a través de las películas que hizo (la música, el teatro, la literatura, etc), le habíamos preguntado cómo veía hoy, en retrospectiva, su educación artística, por decir así: ¿qué leyes la habían guiado…? ¿con qué ambiciones, con qué exigencias se había ido construyendo una erudición y una sensibilidad?

mucho tiempo medité su respuesta: sobre mis cheerios matinales, sin éxito, pero también junto al río, que me pareció más adecuado y también más lindo, e incluso borracho, porque el criptograma santiagueño no me abandonaba casi nunca. hugo vino en octubre; recién anoche, seis meses después, el insomnio me trajo su voz, que me explicó por fin todo lo que anidaba en esa palabra, “avidez”, sin que yo me diera cuenta. me decía hugo:

“ya estoy viejo. ¿soy un tilingo? eso dijo beatriz sarlo: y sea o no cierto que me hinchó las pelotas, es indudable, me guste o no (y me gusta bastante), que pertenezco a una tradición que entiende la sensibilidad como indistinguible del yo, puede que incluso como su tarea. y que asciende en la escala social de los objetos… o si desciende es porque ya ha llegado muy alto, y desde allá los de abajo se ven bien bonitos. ¿que mi padre era productor de televisión? ¡pero en esa época la televisión era otra cosa! ¿o ustedes piensan que el hijo de Villarruel nos va a sorprender un día con una película sobre… ¡pero es que ya ni quedan intelectuales hermitaños! lo que pasa es que a beatriz le encantaría sentarse a conversar sobre blanchot con jacques derrida. a derrida no le podés ir a hablar de novelitas sentimentales del año veinte. ah no. ¿pero qué iba diciendo…? ah sí: que la pregunta me pide que me desdoble en dos: un yo lleno de ambiciones de brillo, de gran performance, de densidad, de irreverencia, y otro yo que se erguiría frente a él, en un instante de lucidez sólo imaginable ante la inminencia de la muerte, y le denunciaría su engaño. porque encontrarle un patrón a mi sensibilidad, adscribir mi yo que es tan mío (¡y me es tan querido!) a unas fronteras determinadas por coordenadas sociales, sería… ¿cómo decirlo? …zzzzz! perdón: me dio un escalofrío. mi amigo juan josé saer cita a suetonio en su tratado sobre el río de la plata: los populistas chillan. manga de melindrosos… te hacen andar sobre cáscaras de huevo. ¿qué quieren? ¿una cultura anémica? yo, sin ir más lejos, es la primera vez que vengo a nueva york. tengo que confesarme que me sorprendió un poco; la vejez nos vuelve indulgentes. ¿o será en cambio que rebalso los límites de mi curiosidad? ¿me reinvento? ¿acaso rejuvenezco? ¿soy todavía más yo? de suetonio se ha perdido casi todo y aún así se ha hecho un lugar en un tratado sobre el río de la plata: ¿por qué preocuparme de que mis películas estén disponibles en dvd…? sí: avidez… disculpe, joven: el vino que me ofreció hace un momento, ¿de qué origen es?”

Etiquetado , ,

monstruos

saer dijo o escribió alguna vez que los correctores españoles de seix barral le ponían “sólo” donde él había escrito “únicamente”. y que él lo volvía a su lugar porque en el litoral nadie decía “sólo”. en el río sin orillas impresiona la tolerancia de saer ante las estructuras retóricas: la arquitectura de las frases es a veces… monstruosa. si bien es cierto que su vocabulario es heterogéneo, al nivel de la estructura no parece preocuparle mucho alejarse de la oralidad. el registro oral aparece ahí como una joya incrustada, que le inyecta vida a lo que sería de otro modo una catedral vacía; pero no tiene fuerza constructiva.

el río sin orillas arranca con una parrafada que ranquea alto entre los picos de la tilinguería latinoamericana, donde la competencia no es menor. durante dos o tres páginas, saer nos comparte la angustia de participar del mundo corporativo durante once horas de vuelo. en los asientos se hacina; la música funcional lo saca de quicio; las películas le resultan infames; la comida le revuelve el estómago. nos queda el alivio de que en el 91 no hubiera sistema de entretenimiento, en cuyo caso nos hubiera sometido a otras tres páginas de minuciosa irritación. una complicidad disuelve la otra: saer se inclina sobre su cuaderno, se aísla y toma notas para su libro sobre el río de la plata; la literatura puede así ser plan de evasión, aunque sólo para el que la escribe.

cuando hablaba de política, saer era en general muy poco interesante. me da la sensación de que se imaginaba socialdemócrata, quizás a la manera europea; pero más de una vez habló bien de alfonsín, incluso cuando ya no daba. el “pero” es mío: donde socialdemocracia y alfonsín no se oponen, ahí estaba saer. también en política veía primero la estructura, donde vendrían luego a acomodarse los cuerpos.

Etiquetado , ,

osos

“El primer anagrama previsto para la Colección Austral [de Editorial Espasa-Calpe, en 1938] fue la figura de un oso. Pero Borges, en contacto estrecho con la editorial en esa época, advirtió que en la Argentina no había osos, por lo que se decidió cambiarlo por el signo del zodíaco, capricornio. De ahí la figura de la cabrita” (Olarra Jiménez, “Espasa-Calpe”, p.46)

Etiquetado ,

tolerancia

la profundidad de tarkovsky, que hizo su reputación, es muy patente en stalker. aquí todo es profundo: no hay diálogo que no hable del altruismo del arte, la fe de los intelectuales, la felicidad, la miseria y otras realidades genéricas. acordemente, el esquema de proyección es “muy particular” o “particularmente irritante”, según lo introduce el simpático inglés geoff dyer: la veremos de a tronchos de media hora; entremedio un panel “estelar” irá haciendo la exégesis.

terminado el primer fragmento, descubrimos que los invitados hicieron la tarea. walter murch (montajista de coppola entre otras mil cosas) trajo una cita de principios del XX: al referir la primera filmación hecha desde un tren, el reseñista habla de “contener el aliento”, de una expectativa trascendente y de fe; y nosotros acabamos de ver a los tres protagonistas —el stalker, el profesor y el escritor— lanzarse en trolley sobre una vía abandonada. phillip lopate (escritor y crítico de cine) nos habla de la fotografía, bellamente expresionista en la primera parte, y elogia algunas destrezas narrativas. los otros tres aportan disgresiones o intensidades.

en la segunda parte asistimos por fin a la supuesta lentitud tarkovskiana: ni es tanta. los planos se alargan, y para evitar el recurso fácil de hacer símbolos (en el que nunca cayó, nos recuerda un panelista reivindicativo), tarkosvsky nos introduce en las profundidades del alma humana mediante el diálgo sobre las profundidades del alma humana. geoff dyer está extático. los otros tres (michael benson, dana stevens, francine prose) intentan darle argumentos para que se explique tanta emoción. murch propone un paralelo interesante entre ésta y apocalypse now, que él editó, pero enseguida se entusiasma y nos cuenta anécdotas de rodaje, fantasías de coppola, y otras cosas que más bien nos alejan de la profundidad de tarkovsky. lopate pone su cara de moishe desconfiado, no queda claro por qué.

nos dejan ir al baño: 15 minutos.

al volver nos dan de corrido casi una hora. acá todo eclosiona: durante casi media, en un cuarto en ruinas, los personajes se preguntan metacosas; el tono es grave o gravísimo, aunque hay toques de comedia. cuando se enciende la luz, geoff refiere un plano del perfil de la hija supuestamente deformada del stalker. pensamos que camina, pero un momento después vemos que el papá la lleva en los hombros. “es la escena más conmovedora del mundo en cualquiera arte”, nos dice geoff. murch le responde con una disgresión: en los 80 vio a scorcese hablando milagros de una escena de the searchers. marty (así lo llama) estaba al borde de las lágrimas, pero cuando pasaron la escena murch quedó frío: “what? viste todo eso en esto?”. pausa dramática; “lo que quiero decir”, siguió, “es que algo de ese orden ocurre también acá…”. “es taaaaan rusa”, dice lopate: “cuatro tipos en un cuarto hablan de lo miserable que es la vida… es el lado chejoviano de tarkovsky, supongo. pero no sé si el texto está a la altura…”. ahí geoff nos sorprende: “justamente al verla ahora de nuevo me impresionó lo débil que es el texto”. geoff ha escrito este libro sobre stalker, recién publicado. y: “it’s a little heavy”, reconoce dana stevens.

vemos el final: unos veinte minutos. en esta sección el stalker, al borde del ataque de nervios, nos dice que “a los intelectuales se les ha atrofiado el órgano de la fe por falta de uso” y que “tienen los ojos vacíos” y que ya “nadie cree”. “se trata evidentemente de una película muy construida, lo cual quiere decir que se presta a muchas interpretaciones. se pueden decir infinitas cosas sobre esta película, cada época puede decir cosas nuevas y diferentes… y la película las tolera todas, las tolera bien. y eso seguramente es un clásico, una película de la cual se puede decir infinitas cosas”, nos dice murch, que no logra sin embargo articular ni una sola. ahora parece que lopate estuviera realmente sentado en un barcito de Once viendo pasar la gente; dice: “yo soy uno de esos intelectuales escépticos y con los ojos vacíos…”.

pobre geoff. es el peligro de invitar amigos a comentar tu película favorita…

Etiquetado , ,

inflación

“ah sí”, me dijo ayer benny, que hace su phd y enseña alemán en columbia, “a ustedes les exigen poner cierta cantidad de A, de B, etc, ¿no?”. sí: cuando se acerca el final del semestre, llega al departamento de español un mail para concientizarnos de la “grade inflation” o inflación de notas, que amenaza siempre con una corrida que acabe por depreciarlas todas. cada vez yo me siento como un almacenero remarcador, sobreviene el fantasma alfonsinista y me sudan las manos durante un rato. pero igual al momento de poner las notas suele triunfar la indulgencia, el paternalismo, la irritación de que me pidan no sólo que jerarquice sino que jerarquice munido de la estadística, de modo que la cantidad de buenos, de mediocres y de malos se mantenga constante, o quizás simplemente el clientelismo —y termino poniendo demasiadas A.

por eso me sorprendió que en los cursos de alemán, según benny, todos se sacan A y a nadie le da terror que una catástrofe igualadora desoriente las “checklist” de los empleados de recursos humanos, impidiéndoles reconocer a los futuros CEOs, o peor aún, que los subgraduados, privados de la necesidad de sobresalir, se entreguen a la cerveza y el football.

pero tal vez esta diferencia entre el español y el alemán no sea tan inexplicable, y nos hable incluso de las infinitas astucias de la desigualdad. elegir el alemán ya es signo de jerarquía: la lengua es difícil y mayormente inútil para la vida práctica; además, si encima el departamento se pusiera exigente con las notas, tendrían todavía menos alumnos. en español en cambio estamos saturados: el español es más fácil (y tiene fama de tal), además de que cuarenta millones de hispanos en USA lo vuelven necesario para médicos, abogados, contadores, etc. como aprender español es una opción por default, que no dice nada de la ambición de triunfar, de la disposición a pisar cabezas del joven aspirante, los instructores tenemos que salir con la etiquetadora a bajarles el precio a la mayoría: sólo así brillarán, cósmicos, interestelares, los elegidos entre los elegidos.

Etiquetado , ,

marta

soñé que marta minujín hacía la primera performance de ciencia-ficción de la historia de la humanidad. por medio de una técnica que en el sueño parecía muy lógica, marta lograba invertir las cosas y dejar el mundo suspendido de su propio sueño, inducido por fármacos. este juego de cajas chinas fue lo primero que me impresionó al despertarme: ¿cómo podía ser que algo estuviera adentro de alguien que antes estaba adentro de ese algo…? digo invertir porque marta parece a veces el resultado de un sueño particularmente agitado del mundo. (pensaría que es sólo el mío pero google me indica que también otros la soñaron, con diversos grados de verosimilitud).

sobre el final del sueño yo intentaba convencer a alguien: “¿te das cuenta? es siempre lo mismo con marta: ¡nunca ha querido otra cosa que acabar con la soberanía nacional!”. esta interpretación fue seguramente lo que me despertó. ¿será que hay en mí un nacionalista dormido?

vuelvo a la cama.

Etiquetado , ,