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emancipación

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el “marco teórico” es uno de los tributos que impone al trabajo académico el régimen de propiedad privada de los conceptos. en lugar de apropiárselos, digiriéndolos y regurgitándolos más o menos irreconocibles (o no) a lo largo y ancho de una práctica de pensamiento, el capitalismo universitario le exige al tesista que los eche al guiso con todo y el packaging, volviéndolos una materia rígida, incapaz de amalgamarse en nada orgánico. pero como cada tanto alguien consigue escribir uno que no parece una suma de peras y manzanas —a la hora en que una mucama huérfana obtiene el amor de un rico heredero en otro lugar del imperio—, seguiremos empeñando el presente hasta el día de la emancipación teórica. entonces habrá que empezar a contar otra vez.

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descuentos

post - menem y alfonsin

como parte del pacto amoroso nos hacemos constantes, generosos descuentos. si el pan que le gusta costó 37, me dice que gastó 30. si quiero que al salir de la casa me alcance el tabaco que me dejé olvidado, le digo que el café donde estoy se encuentra en la esquina que le queda más cerca a ella, no la que me queda más cerca a mí.

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imberbes

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a diferencia del juan perón de 1974, así —según parece— quieren a sus jóvenes las universidades norteamericanas en 2015. por eso mis amigos, que emergen de la escritura de la tesis con abigarradas barbas de ermitaño, reciben consejo de ir al mercado con un mentón no menos bien cortado que el saco; y un buen CV.

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partage

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la crítica académica, según la división del trabajo que propone ella misma, es una industria de la literalidad montada sobre una máquina maravillosa de producción de ambigüedades.

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acumulación

preparacion - acumular

una biblioteca es capital improductivo, como saben bien —según dice una encuesta reciente— los lectores de bajos recursos: más vale vender, canjear, intercambiar; llegado el caso, se adquiere nuevamente el libro ya leído, que lo que se pierde en uno lo compensa con mucho la cantidad. todo ese capital estacionado, además —perverso mutatis mutandis—, se vuelve un dolor de huevos cuando uno se quiere o se tiene que mudar. al ver el legado de algunas luminarias de la acumulación mexicana —cuyas colonias de ácaros tiene ahora el Estado a buen resguardo—, se comprende enseguida que a sus libreros no les temblaron nunca las estanterías. al volver de otra misión diplomática, contenido gracias a Dios otro lustro el inminente estallido, el caserón familiar seguiría donde murió el abuelo, donde murió papá.

para los que carecen de caserón familiar, para los que tienen alergia al polvo, la conspiración sionista internacional creó los comerciantes judíos de libros usados. este que vino a casa, a pocas cuadras de la tierra de los Lubavitch, era digno ejemplar de la decadencia del oficio de la reventa: ¡con un lector de códigos de barras vino! ni las tapas leía: escaseaba, miraba el precio —calculo que en el mercado de usados: ¿amazon? ¿abebooks?— y condenaba al reciclaje (la mayoría) o rescataba en la pila de los salvados. con desgano similar, se me ocurre, debían llevarse a cabo buena parte de las purgas de la Santa Inquisición.

pero ahora las cosas habían cambiado. me le paré al lado con la tableta y un hilo de sangre en la comisura de los labios. tipeaba el título en amazon y veía el precio de usado. los había mayormente de 6, de 15, de 9, y así. cada vez que encontraba uno por encima de 10, lo alzaba triunfal frente a novia y roommates: ¡12 dólares con 56 centavos! uno estaba a 130 dólares: ¡130 dólares!, grité. el tipo parecía ofuscado.

— son libros de poca circulación —dijo—, difíciles de vender.

— ¡son libros académicos! —contesté:— ¡tienen público cautivo!

pensé que lo había derrotado, porque bajó la vista y siguió con lo suyo. yo seguía tipiando nombres y alzando libros —aunque no sumaba los precios— cuando no estaba dándole vueltas al cuarto como un león enjaulado. una de las roommates me miraba perpleja. el tipo en eso terminó lo suyo y todos nos preparamos para oír su precio.

— por todo estos —dijo—: 50 dólares.

miré la pila hecho una furia:

— ¿50 por todo eso? ¡por todo esto no menos de 75!

miró la pila muy tranquilo, encogió los hombros.

— ok —dijo.

yo me desplomé en el sillón mientras alguien le iba a buscar bolsas de plástico.

— buen negocio, eh —le dije lleno de rencor.

él, rodeado de mis libros, que ya eran suyos, me miraba más bien con cansancio. eran las diez de la noche. llevaba media hora escaneando códigos.

— es siempre así —dijo.

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tarea

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cuando el semáforo de eastern parkway & franklin frenó la camioneta que nos sacaba (tal vez para siempre) de crown heights, pudimos ver la marquesina de starbucks en uno de los locales a estrenar del nuevo edificio de la esquina. dieron verde y seguíamos agarrados de las manos, los ojos húmedos, en el pecho la satisfacción de la tarea cumplida.

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directions

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de los dissertation advisors, como de los padres, lo primero que aprendemos es el miedo.

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síntoma

laddaga intenta explicarnos por qué ahora le aburre aira. luego a nuestro turno cada uno intenta explicarle a laddaga por qué nos aburre aira. ¿será que ahora sus libros son malos? no, ha escrito últimamente algunos de los mejores, dice premat; aun asi nos aburre. ¿será que ya hemos logrado sistematizarlo? ¿será que él mismo ya entregó todos sus trucos? ¿será que así es la moda y toca ahora descartarlo por tedio, a falta de un argumento mejor? ¿será que la circulación restringida condena su obra al orden y a la homogeneidad, por mucho que él apueste, casi salvajemente, al ruido y al caos? ¿será porque escribe desesperadamente para nosotros? laddaga suelta un suspiro; ya se aburrió. la sala en pleno le responde con otro.

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máquinas

trascendió que en un campus del sur de wisconsin perfeccionan por fin el lector de papers. ah, el fin de un largo y tortuoso malentendido…!

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líneas

¿cómo nadie salió a decir todavía que el modo industrial de producción artística es infinitamente más humano que el modo romántico?

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